Hoy Las redes sociales, el feisbuc.
Oh por dios! dijo Angélica, después de descubrir que su amiga de preescolar ya no estaba listada como “soltera”.
Si querida, Angélica era una de las tantas ciberchusmas que merodeaban por las redes sociales de esas épocas.
Te cuento un poco. Las redes sociales se inventaron básicamente por que un vivo se dio cuenta que a las personas les encantaba someter su vida al ojo crítico de la comunidad. Por eso o por que la economía de los países era cada vez peor y para las personas era mas barato tener una vida social por Internet, antes que proveérsela por los clásicos métodos de entretención. Y claro! regalar una cerveza por Internet costaba sólo 20 pts, que ganabas extrañamente recibiendo algún regalo de otro persona, mientras que regalar una cerveza en algún bar costaba entre 15 y 20 pesos, sin contar los gastos de movilidad y demases, y considerando que la entrada al recinto nos salga gratis.
Con la llegada del Facebook o faisbuc (y voy a nombrar sólo la más popular de estas ciberciudades) nace el gran destape mundial.
Toda esa misma gente que haría la guerra con tal de proteger la propiedad privada, que hubiera considerado una violación de sus derechos individuales si alguien le sacaba una foto en su pileta o leyera su escritos personales. Esa misma gente que decía “no te metás”, ahora por sus propios medios, le estaba mostrando al mundo una foto en tanga de sus vacaciones en Calambuchita.
Eso era Facebook, un verdadero conventillo cibernético.
Luego de completar un extenso formulario de iniciación, dónde le explicabas al Sr. Facebook de dónde eras, si creías en Dios o no y en cuál, que te gustaba hacer, cual es tu formación académica, de que trabajabas, dónde se te podría ubicar, si estabas saliendo con alguien o no y cuales eran tus intenciones con las personas (si Facebook sabía todo de vos, hasta que estabas pensando en ese momento) después de hacer tooooodo eso, estabas listo para hacerte amigo de cuanta cosa anduviera por la red y digo cosa por que te podías hacer amigo hasta de un bar.
Nieta : ¿Hasta de un bar?
Abuela : Hasta de un bar...y capaz serías lo que en antaño se decía “habitué” jajaja
Nieta : No entiendo el chiste abuela...
Abuela: ehmm habitué...por q va... y es.. dejá, sí... no es gracioso.
Con este síndrome de Roberto Carlos que teníamos todos, es que nos empezamos a dar cuenta que entre los amigos de toda la vida, los hermanos y uno que otro primo, no juntábamos ni para una manzana de barrio, entonces es que decidimos desenterrar amistades de cualquier rincón de la memoria. Cada vez retrocedíamos más. Primero la facultad, después los del secundario, luego los de los otros cursos del secundario, los de las otras promociones del secundario, los de la primaria, los de las otras divisiones, los de las otras primarias, los del jardín de cuatro, con los que compartiste el arenero y así. Todos éramos amigos. Lo más gracioso de todo es que si el otro no te reconocía, vos podías refrescarle la memoria clickeando de entre varias opciones la que correspondiese con la forma en que ustedes se conocieron, si es que había claro.
Porque no sólo se empezó a catalogar como amigo al “creo que te presté alguna vez la lapicera en 3er grado” sino que también, sin saber si nos caería bien o no, catalogábamos como amigo a cualquier semifuso que cazáramos de algún grupo o página de nuestro interés. Pff! Cómo si por tener los mismos gustos musicales se fueran a acordar de mi cumpleaños.
Aunque lo hacían! Y eso era genial...ya nadie podía vanagloriarse de haberse acordado de tu cumpleaños, por que gracias al Facebook podías saber hasta tres días antes que iba a cumplir años tu amigo y así no quedar mal. Miles de mensajitos en el muro de gente que probablemente la última vez que te vió llevaras un vestidito bobo y no por que era retro…
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