miércoles, 2 de junio de 2010

Pensamientos sobre la belleza

HASTA QUE NO RECONOZCAMOS NUESTRA PROPIA BELLEZA, NO SEREMOS CAPACES DE PRODUCIR NINGUNA, me dije un día.

Cuándo dejemos de mirar el trabajo de los demás, para darle paso al aprendizaje de nuestras propias capacidades, sin temor a equivocarnos, iniciaremos un camino de conocimiento personal, de nuestros gustos, posibilidades y límites. Experimentaremos con la experiencia de crear. Ese producto resultante, que para nosotros será auto conocimiento, para alguien será belleza.

Cuándo se crea belleza no se está siendo conciente de ello. Porque, permítaseme usar esta frase tan cursi únicamente para fines didácticos, vos no la buscás, ella te busca.

Por eso el día que aprendamos a perder el miedo a conocernos, conocernos en la experiencia, será el día que hagamos algo bello. El día que digamos "este soy yo", nos toparemos con lo bello, o mejor dicho, lo bello se topará con nosotros.

El antónimo de la belleza no es la fealdad, es el fracaso, porque logra anularla, en cambio la fealdad aunque sea, la reconoce como opuesta. El fracaso genera límites mentales que imposibliitan la creación libre de la que se alimenta la belleza. Niega nuestro encuentro con la experiencia, nos inmoviliza en un mar de temores.

Por el contrario, la fealdad no es más que una de las posibilidades en las que puede devenir la belleza, su contrapuesto. Que al ser subjetiva es cambiante, sino pensemos en Botero, para tener un ejemplo bien gráfico.
Su inocencia, la de la fealdad no la de Botero, radica en su baja autoestima e inseguridad. En cambio la seguridad del fracaso, ese que te dice que vos nunca vas a poder grabar tu propio disco o estar en una importante galería, arraza con cualquier performance, cualquier espontánea catarsis de genio, quedando así, la nada.

¿Por qué intentar si nunca va a ser mejor que esto o aquello otro? nos decimos. Ante el primer error, ante el primer boceto que no se corresponde con lo que consideramos bello, claudicamos. Y por que? Tan sólo porque lo que para nosotros era LO BELLO en ese momento, era lo ajeno, lo comprobadamente bello. Miles de moscas no deben de equivocarse, decimos mientras negamos nuestra propia creación. Esa vanguardista realidad que pugna por salir de uno y manifestarse, gritar a los cuatro vientos: "Esta soy yo y si no te gusta curtite!" Porque es ahí, en ese reconocimiento a la dualidad que tiene toda creación, donde aparece nuestro estilo, que es bello por el sólo hecho de manifestarse.

No hay peor mal que los límites que uno se pone a uno mismo, ya que nunca encontrará lo bello.


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