Caminamos deshojando una vida pasajera, sin más pena que gloria, sin mirar a los costados. Pasamos como de refilón por el callejón de la memoria, sin quedarnos si quiera para ver qué pasa.
Con miedo, miedosos, chiquitos.
Gobernados por cosas sin forma pero con nombre, que nadie las vió pero las conoce.
Huérfanos de madre pero no de padre, olvidamos la tierra que nos vió nacer.
Creyentes de sueños importados, milagros inesperados y chucherías del mercado.

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