miércoles, 26 de mayo de 2010

El testigo y el ventilador.

Dicen que lo que mata es la humedad, a mi la verdad los zondas me hacen pésimo, pero sí... la humedad es jodida. Mezcla de efecto invernadero y encierro en ascensor, eso es lo que está pasando en mi departamento ahora que estoy sin ventilador.

La Stella se esta calentando, ya ni espuma hace y en un rato me voy a ir de acá, un poco para hacer algo y un poco por que no creo que me duerma si no.

Me preguntás que me gustaría estar haciendo y te digo que pagaría por estar en una quinta con los pies en la pileta, charlando todo eso que tengo en la cabeza con alguien interesante y quien te dice, porro de por medio.

“Llega un punto que necesitás un testigo de tu vida” me dijo un día una amiga cuándo yo me estaba tan bien con la soledad...esa que no significa estar sola, sino acompañada con uno distinto todos los fines de semana.

¿Qué pasó? Me preguntarás. La verdad ni cuenta me di cuándo eso que me dijo empezó a importarme. Cuándo de repente necesité que se queden a dormir, que me pregunten que pasó y que me digan que va a estar todo bien. Simplemente pasó y no hay vuelta atrás. Es como el ventilador que en invierno si esta roto ni bola le das, pero ante los primeros 30 grados es una necesidad básica.

Y así fue como empecé, más de 3 temas en común y ya estoy armando los ruleros para luego enterarme que la fiesta canceló.

Un catálogo de decepciones me hacen sentir que ya pagué el karma por esos días de descontrol, pero sólo cuándo se está cayendo uno puede darse cuenta que queda más abajo aún y se prepara para un nuevo adiós sin respuestas.

Empiezo a creer que no queda nada por creer, y créanme, es lo peor que me puede pasar a mí.

Patético para mi era antes pensar al desamor como un problema, creía que la gente que se preocupaba por esas nimiedades era por demás insegura y dependiente. Mis perdones a todos ellos, recién hoy por hoy puedo entender lo que trataban de decirme.

Un día, un verano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario